Con una que otra idea robada del día anterior, el domingo por la mañana llegamos temprano al festival, pues teníamos la intención de ver a las 12:30 a Yo la Tengo en el escenario AMD. Para ese momento no nos habíamos repuesto de la chinga y peda del día anterior, por lo que a la mitad decidimos salir a comprar unas chelas y acercarnos al escenario en el que se presentaría The National. Un mucho porque por la pendejada de ver a Muse no llegamos a verlos en el Emos la noche anterior, otro poco porque en octubre veremos a Yo la Tengo en México en condiciones más adecuedas, lo cierto es que poco nos costó tomar esa decisión.

Como siempre que ve a una banda de la que es fan, Sofía se fue a hasta adelante, por lo que yo me quedé solo —el Invitado Conejo quien sabe a dónde pitos se marchó, igual y a buscar a su amor de la noche anterior— con un ojo en The National y otro en las, mmm, pues en las cosas que tenía alrededor. No conozco muchas canciones de esta banda, pero con todo y el calor que los tenía hasta la madre, se la rifaron.
Después fuimos a que le firmaran su disco a Sofía y por algo de comer. Por cierto, dicen que en términos de festivales la comida no estaba tan mal, pero lo cierto es que después de comer dos días completos ahí, terminas odiando el sabor de la comida gabacha.
Para las 3:30 fuimos al escenario AT&T Blue Room a ver a Devotchka, a mi parecer la mayor sorpresa del festival. Había escuchado una que otra canción de ellos, pero nunca con la atención que merecen. La música que tocan medianamente se acerca a Gogol Bordello, sólo que menos punk. Pronto me mocho con el disco para que los oigan.
Como Sofía se estaba aburriendo con Devotchka, se fue un rato a ver a Midlake y su sweetest moment of the festival patrocinado por un cabrón que a la mitad del toquín le propuso matrimonio a su noviecita ¡qué mamada!
Para las 4:30 nos enfilamos rumbo al escenario AT&T (a secas) para escuchar a Bloc Party y empezar a meternos, pues a las 6:30 tocaba MMJ (como les gusta escribirlo a los gabachos). Claro, no sin antes pasar por una botella de vino tinto, que terminó siendo de vino blanco.
Una hora tuviemos que esperar literalmente valiendo verga, en medio de un chingo de cabrones, a pleno rayo de sol para ver a My Morning Jacket, pero créanme, la espera valió la pena. Poco a poco vimos cómo iban montanto el escenario: un oso con una especie de “zarape”, plantas y demás menesteres para crear el ambiente adecuado. Como fue la costumbre todo el festival, la banda salió a tocar a la hora programada disfrazados de hawaianos, además los acompañó en unas canciones en el violín Andrew Bird ¡Muy buen show!
En cuanto acabó salimos corriendo al escenario de al lado pues en ese momento empezaban los primeros acorde de “The Crane Wife 3″. Fue un pedo pasar entre los cabrones que llevan sus sillas y las acomodan como Dios y Bush les dan a entender, formando una especie de laberinto con pasillos muy angostos completamente insuficientes para las ordas de personas que cambiamos de un escenario a otro.
Ya sabíamos que los Decemberists eran desmadrozos y divertidos, y en esta ocasión su presentación no decepcionó, de hecho fue de las mejores del festival. Canciones fiesteras, gente conectada con la banda cantando la mayoría de las canciones, una interpretación inolvidable de “Valencia”. Justo lo que nos recetaron para cerrar un gran festival.
Lo de Bob Dylan fue una cosa rara, nosotros estábamos muy cansados y sólo lo escuchamos de lejos, por lo que realmente no puedo decir algo sobre él. Bueno, sólo que tocó like a rolling stone y dejó de lado knockin’ on heaven’s door.
Por último, como lo prometido es deduda, una foto en la que se ve como traigo la bandera de México.