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Metric

Por Emmanuel

metric en mexico

Vive Cuervo Salón, 25 de abril, 2008

Imagen de Keren Robledo.

No era la primera vez que venían, y no tienen un fan base de miles. Por lo tanto, éste no pintaba para ser un concierto ‘legendario’ como otros. Era, sencillamente, una noche de música con una banda joven, líder en el movimiento musical de Toronto.

Así, sencillo, fue el concierto. Sin mamadas ni cursilerías. No estuvo Ximena Sariñana (gracias a dios) y no apareció un mariachi pedorro para complacer a un público fácilmente impresionable.

Metric salió a las 9 y veinte de la noche, la bellísima Emily enfundada en un trajecito azul minúsculo, que dejaba ver TODAS sus increíbles piernas e incluso un poco más.

Sin decir agua va, se soltaron con Dead Disco, una de las canciones más pegajosas de su segundo disco. Sin detenerse mas que para agradecer de vez en cuando, tocaron todo lo que habíamos ido a escuchar: Live it Out, Rock Me Now, Empty, Handshakes, Poster of a Girl, Monster Hospital, Combat Baby, Hustle Rose, y una versión maravillosa de Calculation (Theme).

Rápidos y furiosos, terminaron su set una hora más tarde, habiéndose ganado a los asistentes por completo, quienes bailaban y sonreían complacidos.

Sin canciones de relleno o eternos interludios, Metric retomó las (valiosísimas) lecciones de los punks, como los Ramones o Iggy Pop, para explotar velozmente y despedirse aún arriba.

Una noche feliz y calurosa de abril, Metric rockeó a la Ciudad de México, así de sencillo.

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Rodrigo y Gabriela

por Emmanuel

Fotografías cortesía de Ruvalcaba.

Rodrigo y Gabriela

Lunario del Auditorio Nacional, 9 de abril, 2008

Rodrigo y Gabriela podrían ser un cliché: dos latinos tocando guitarras flamencas.

Pero Rodrigo y Gabriela son todo menos un lugar común.

Primero, porque no tocan flamenco y cualquiera que les atribuya algo tan ridículo terminaría con un guitarrazo en la cabeza.

Segundo, porque son los rockeros más atípicos y por lo tanto, más brillantes que ha dado nuestro país en toda su historia.

En 1999, Rodrigo Sánchez y Gabriela Quintero abandonaron la ciudad de México, decepcionados por la escena musical del país. Arribaron en Dublín con 10,000 pesos entre ambos y la ambición de ser los mejores músicos que pudieran ser. Una fuga de cerebros como tantas otras.

Tocando en diversos bares de la ciudad irlandesa, lograron alcanzar una reputación que los llevó a abrir giras para Damien Rice, a raíz de lo cual consiguieron grabar dos discos en vivo y su debut de estudio bajo la dirección del legendario John Leckie (quien ha trabajado con Radiohead, The Stone Roses, The Verve, Muse y George Harrison). Ese primer esfuerzo alcanzaría el número uno en las listas irlandesas, batiendo a los Arctic Monkeys y a Johnny Cash en la semana de su lanzamiento.

Su popularidad, cimentada en un talento desbordado, ha ido creciendo, presentándose en múltiples festivales mundiales y en programas tan inalcanzables para una banda mexicana como Letterman o Jools Holland.

Como era de esperarse, en México su carrera pasó completamente desapercibida mientras dos o tres generaciones de bandas aparecían y perecían.

Rodrigo

Casi 10 años más tarde, los hijos pródigos regresaron a su tierra. El Lunario del Auditorio Nacional fue el escenario perfecto para una bienvenida íntima, donde los guitarristas demostraron con creces por qué han sido alabados por la crítica de todo el mundo.

En hora y media llena de sorpresas y actitud, Rodrigo y Gabriela hicieron pedazos nuestras expectativas de lo que debería ser un show nacional. Faltaron las ingenuidades y chistoretes, así como el divismo y pedantería que abundan en nuestros coterráneos. En cambio, tuvimos enfrente a dos artistas maduros con completo control sobre sus instrumentos y presencia escénica. Rodrigo y Gabriela son virtuosos , pero su virtuosismo no es un fin en sí mismo, lo utilizan para interpretar música vital y emotiva, desde sus propias composiciones alucinantes hasta brillantes versiones de Led Zeppelin, Metallica, Megadeath, Dave Brubeck y Pink Floyd (particularmente hermoso fue escuchar a todo el público cantando Wish You Were Here mientras Rodrigo tañía las cuerdas de su guitarra).

Su espectáculo visual también es impecable: proyecciones en tiempo real de ellos mismos en alto contraste, que mostraban los pequeños detalles de su maestría manual.

Mientras Gabriela golpeaba furiosamente la caja de su instrumento como un Visnú metalero, Rodrigo punteaba sin problemas, moviéndose por el escenario para hacer gritar al respetable; ambos visiblemente felices por el recibimiento de héroes que obtuvieron.

Gabriela

Lejos del aire viciado de nuestra industria musical, Rodrigo y Gabriela hicieron lo que nadie ha hecho, concentrarse en su oficio y creer en ellos mismos. Dejaron atrás la etiqueta ‘mexicana’ para concebirse simplemente como artistas profesionales.

Dos jóvenes armados solamente con guitarras y sus nombres de pila son, hoy en día, los únicos embajadores de nuestro país para el mundo. Se merecen triunfar y ser reconocidos como los mejores músicos jóvenes de México. ¡Brillantes!

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No sé ustedes,

pero aquí seguimos traumados con The National.

Las fotos son de Oscar ‘Oscarinn‘ Villanueva.

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Let’s Get Rocked

Rod Stewart en el Auditorio Nacional, 29 de marzo

Por Yugus

En 1986 -hace unos 22 años, si no me equivoco-, por alguna razón que desconozco, llegó a mí un cassette donde entre otros 12 tracks venía incluída Sailing, cantada por Rod Stewart, con Elton John al piano, Eric Clapton en la guitarra y Phil Collins en la batería; long story short, me hice fan instantáneo del vocalista.
Tres años después, en abril de 1989, Rod Stewart fue el protagonista de lo que en México parecía imposible: un artista internacional aterrizaba con su gira y una producción de luces y sonido muy diferente a la de Siempre en Domingo. Ese abril todas las personas a mi alrededor eran fans de toda la vida, todos contaban historias de cómo pretendían conseguir un boleto y todos los medios de comunicación dedicaban espacios y minutos y minutos a “la estrella británica del rock pesado“.
Dos años después, con un boleto de 50,000 pesos y con una organización donde ya no eran necesarios gases lacrimógenos y el ejército para contener a la muchachada, tuve la oportunidad de verlo desde un lugar que estaba a cientos de metros del escenario, en el que además fue mi primer concierto.
El sábado, 63 años después de su nacimiento; 45 años después de editado el primer disquito de 45 revoluciones donde apareció su voz junto a Long John Baldry; 22 años después de que lo escuché por primera vez; 19 años después de que vino a México a inagurar una era en la que nos convertimos en un referente para cualquier gira internacional chiquita o grande, popera o metalera, para chavos o para fans de Bob Dylan; y 17 años después de que supe lo emocionante que era tener un boleto para un concierto de rock en las manos,volví a verlo y me emocioné como niño con los acordes de It’s a Heartache de Bonnie Tyler, canción con la que abrió el show.
Hubo diferencias con la primera vez: estuve a no más de 15 metros; esta vez Rod no bailaba tanto; esta vez el cabello de mi frente no me cubría hasta los ojos, más bien se caía, y esta vez Peluca estaba ahí con todo y su cámara fotográfica metida de contrabando. Pero algunas cosas no cambiaron: el punch y el repertorio no tuvieron igual (gracias a Dios por Baby Jane), el sonido de las liras, los golpes en los parches de la batería y la profundidad del bajo siguen metiéndose en mi sistema, y toda la gente sigue preguntándome que si Rod no es muy viejo para que yo sea su fan. Por cierto, el amigo que me acompañó hace 17 años era fan de EMF, ¿got it?
A Rod le agradezco un gran concierto y el haberme dado una juventud donde crecí con lyrics del tipo:”If you really need me and you think I’m sexy, c’mon honey tell me so” y no con lyrics del tipo: “Sometimes you just feel so old, the times it hurts when you cry“.
Al final, algunos tipos sí tenemos toda la suerte.

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Indie-O fest 2008

Por Sofía
Fotografías de Rodrigo Jardón

Ya desde el Indie-o del año pasado quedó claro que los Kontrabando se la estaban mamando. La presentación de los Dears fue emotiva, perfecta; se antojaba difícil superar ese festival. ¿Cómo olvidar la explosión que ese concierto provocó en el Polyforum Siqueiros? ¿Cómo mantener la calidad de ese evento? Más o menos así:

El sábado 29 quedó claro que los chikitos violentos no sólo saben hacer canciones que parecen covers de BSS, sino que también son capaces de organizar, con armonía y precisión, uno de los mejores festivales de la ciudad de México. El indie-o fue (muy a pesar de lo desafortunado de su nombre) impecable. Empezó puntualmente, las bandas tocaron como estaba programado, la organización (como en el caso del alcohol con pulserita roja o el stand con souvenirs de calidad) no tuvo ni un problema; en fin, todo estaba perfectamente bien calculado. La única queja que puedo tener es para el público: ¿qué pasa? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no se abarrotó el Salón 21? ¿Por qué no se acabaron los boletos? ¿EN DÓNDE ESTABAN? ¿Empedando en Justice? No mamen. El Salón 21 no se llenó y eso me resultó particularmente extraño. Probablemente se perdieron del mejor festival del año.


Chikita Violenta

Cuando llegué estaba terminando Chikita Violenta, realmente no me interesaba verlos. San Pascualito Rey es siempre una experiencia agradable, es la tercera vez que los veo en vivo y siguen imprimiendo la misma energía y clavadez en sus shows. Se resintió la ausencia de los hits, pero se agradece su entrega total. La apariencia sombría de los integrantes preparó el ambiente para lo que más esperaba de la noche: The National.

San Pascualito Rey

La primera vez que vi a The National en vivo fue hace medio año, una experiencia dolorosa. Llegué tarde al lugar en el que tocaban (realmente tarde) y sólo escuché Mr. November. Lloré copiosamente. Al otro día volvieron a tocar, pero esta vez en un festival con el sol dándoles en la cara. La presentación fue buena, pero no se compara con la que dieron el sábado pasado. Aparecieron en el escenario con lentitud. Un Matt Berninger tímido y encantador explicó que el baterista había tenido que ir al baño y pedía que esperáramos un poco. La gente entre el público gritaba canciones; alguien pidió Lucky You… no la tocaron. El concierto se redujo a canciones del Boxer y el Alligator, parece ser que el Sad Songs For Dirty Lovers sólo es mi favorito. Sin embargo, el set fue perfecto, las interpretaciones impecables y la elegancia de los National, innegable. Los mejores momentos estuvieron marcados por la interpretación del violinista; mi gran favorita fue Fake Empire, qué mamona se escuchó. Acá el setlist:

Start a War
Mistaken For Strangers
Brainy
Secret Meeting
Baby, We’ll be Fine
Slow Show
Squalor Victoria
Abel
All the Wine
Racing Like a Pro
Apartment Story
Fake Empire
Mr. November

The National

Apostle of Hustle (con solo dos canciones, interactuando en perfecto español) y Broken Social Scene pusieron fin a una complaciente noche. Kevin Drew apareció en el escenario con una playera que decía EMO vs PUNK, en la conferencia de prensa del jueves pasado le contaron sobre los recientes eventos y ésta fue su manera de manifestarse a favor de la paz. El set de BSS comenzó con Superconnected, todos tuvimos que ponernos a bailar. La pregunta era cómo tocarían las canciones en las que originalmente cantan morras como Emily Haines y Feist (casi nada). La respuesta no fue tan dada a la chingada; invitaron a Ximena Sariñana a cantar Almost Crimes y a Vanil’ LA Face de Hello Seahorse para otra participación que ahora se me escapa. UPDATE: fue 7/4 Shoreline, ¡gracias!

No sé qué encanto generan los mariachis en las bandas que visitan nuestro país, pero ahora los BSS se agarraron a tres trompetistas de Garibaldi trajeron a miembros del Mariachi Vargas de Tecalitlán para que tocaran en por lo menos tres canciones (gracias, R). Logré grabar en mp3 unos cuantos minutos, espero subirlos pronto para regocijo de todos. Mi momento favorito: Fire Eye’d Boy y Ibi Dreams of Pavement (A Better Day).

Kevin Drew de Broken Social Scene
y Ximena Sariñana

La noche terminó con todos en el escenario cantando México Lindo y Querido (gulp). Qué buen festival y qué chingona organización. No puedo esperar para ver lo que traerá el 2009. ¿A usted qué le pareció?

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Diplo & Justice

Magic Roots Club, 29 de marzo del 2008

Por Emmanuel

La gente gusta de hacer listas de sus placeres más socorridos: comer, dormir, coger… hasta defecar.

Uno de los míos es bailar.

Y ayer por la noche era una necesidad animal, un llamado al cual asistimos como un rebaño de feligreses rindiéndole culto a la cruz blanca de neon que anunciaba la llegada de los salvadores.

El Magic Roots fue el escenario para la segunda visita del dueto francés Justice, esta vez acompañados por Disco Ruido! y Diplo. Un lugar legendario por su fresez y antrosidad ochentera. Ahí reinaba la blusa escotada, el zapato de tacón, la camisa desabotonada. En fin, nada del hippismo que al mismo tiempo movía sus cabecitas melancólicas en el Indie-O Fest. Bajo la cruz radiante la única ley efectiva era la del baile cachondo y la embriaguez lubricante.

Cerca de la 1 de la mañana, Diplo hacía de la suyas con su estilo mash-upero, mezclando Prodigy, M.I.A., Eurythmics, Black Sabbath, etc. A diferencia del año pasado cuando cerró el MXBeat brutalmente, el estadounidense asumió su papel de telonero y mantuvo a la banda en un bailecito bajita la mano, mientras seguían corriendo las chelas y las tellas, weh.

Diplo. Fotografía de Malphie

Para que a las 2 y media, como un milagro electromagnético, se prendiera ese estandarte del sufrimiento y el sacrificio cristiano ante el grito entachado de miles de personas. Se nos reveló que Jesús murió para que nosotros bailáramos bajo las esferas disco por los siglos de los siglos.

Augé y De Rosnay emprendieron su viaje por nuestros cuerpos, de los oídos a los pies, de la mano derecha sosteniendo un trago hasta la izquierda sosteniendo una pipa. Con un set en extremo cochino y pocos hits, los franceses cumplieron con su segunda venida y superaron aquella noche en el Salón Vive Cuervo hace unos meses. Si ahí sus gustos eclécticos y poperos los hicieron brillar, esta vez nos hicieron ascender al paraíso con un electro infernal. Puerco, puerco y sudoroso.

Justice. Fotografía de Malphie

A pesar de tener problemas con el volumen a la mitad del show, Justice nos dejó a todos bien bailados y satisfechos. Habíamos ido a una sola cosa: bailar. Y eso hicimos. Una noche de hedonismo urbano como pocas se vivió el sábado, y hoy extraño ese sentimiento eléctrico que mueve mis piernas sin control, un cántico religioso que se deletrea D.A.N.C.E.

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Los Fancy Free y Stereo Total

Salón Caribe, 15 marzo, 2008

Por Emmanuel

No quiero decir mucho de este evento, salvo que fue una mierda. El Salón Caribe NO es una sala de conciertos. En la barra, uno NO debería servirse sus propias chelas. Cuando vendes un boleto de bebida, NO vendes bebidas que no tienes. NO dejes que la gente se cuelgue de los monitores para subirse al escenario. Los Fancy Free NO deberían existir (ahora entiendo, la gente que gusta de los Fancy Free es la misma a la que no le gusta M.I.A. Si ese cretino no fuera mexicano, nadie lo escucharía; pero como sí lo es, es un orgullo nacional = somos unos jodidos que nos merecemos lo que tenemos, Azcárraga dixit). Stereo Total NO debería regresar a tocar a México después de la vergüenza que les hicieron pasar –al terminar el concierto, nadie evitó que los naquitos fashionistas se treparan al escenario como monos para pedirles su autógrafo en carteles piterísimos por más de veinte minutos.

dog vomit

Las kermeses de las primarias están mejor organizadas. Una verdadera chingadera.

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Los Fancy Free LIVE

Por Sofía
Fotos de Oscar Villanueva

Pocas veces me puedo sentir orgullosa de cosas que pasan en México. Vaya, soy una naca, pero una naca sincera: me emocioné cuando ‘ganamos’ la Confederaciones a ‘Brasil’, pero en realidad el asunto de lo hecho en México me tiene sin cuidado. Lo que sí siento muchas veces es pena ajena, como cuando el ciclista ese que estaba dando la vuelta al mundo visitó México y alguien en Querétaro o algo así, le aventó una piedra y le robó la bici. Finísimo. Sin embargo, hoy tengo dos motivos de orgullo; uno fotográfico y otro performativo.

Hace unas semanas varios amigos y yo fuimos a la estación Indianilla, a ver el tributo a Joy Division que los organizadores del FICCO pues… organizaron. Las bandas que estuvieron ahí haciéndole al wei en el escenario eran un verdadero desastre. Hicieron pedazos cada una de las canciones interpretadas y bueno, cualquiera hubiera pensado que la noche entera sería un bodrio. Pero entonces Los Fancy Free pisaron el escenario.

Segunda aproximación a la naturaleza del orgullo: las fotos de Oscar Villanueva.

Cuánta energía, cuánto despilfarre de talento y entrega en el escenario, ¿por qué no le aprenden algo a esta banda todos esos pendejitos calientes que dicen estar pegando en México? ARGH. Menos dynamites y más fancy frees. Su presentación fue breve, pero el slam se abrió al centro de la pista y no era para menos, los frenéticos dance! dance! dance! del semi sueco Martín Tulin pusieron a sobrios y borrachines en el humor perfecto para BAILAR, BAILAR, BAILAR. Es menester ser fan de estos muchachos.

Recuerdo que veía a Carlos Icaza en algunas de mis clases de la facultad de filosofía y me decía a mí misma que ese wei era un verdadero weirdo. Cuando lo vi tocar el 22 de febrero me di cuenta de que no sólo es un weirdo, sino que además tiene un talento enorme para darle a la batería histriónicamente.

Sí, ¿ya lo notó? Este post no tiene orden, ni lo necesita. ¡Dentro de poco un Quiero ser tu groupie, edición especial de Los Fancy Free!

¡Por ahora, JA JA JA!

Los Fancy Free presentarán Nevergreens Vol 1, su nuevo material, en la Discoteca: Citlaltépetl 23-C Esquina Amsterdam, Col. Condesa, MAÑANA a las ocho de la noche, prohibido perdérselo.

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Bob Dylan en el DF

Por Maya Gabriela

Fue el 7 de junio de 1988 cuando Bob Dylan inició la gira llamada Never Ending Tour, que hasta la fecha lo ha mantenido en continua ronda alrededor del mundo, con un promedio de cien presentaciones por año. Y fue ayer, martes, cuando LA NOCHE al fin llegó, una fecha tan esperada por miles de nostálgicos; algunos recordando tiempos pasados; otros tantos disfrutando aquellos trozos de épocas que no vivieron y sin embargo, encontrándose a sí mismos, a sus obsesiones y demonios, en cada una de las letras del maestro Dylan. Por fin, después de 18 años de ausencia, “la gran bestia del Rock” llegó por fin a México, dejándonos con un concierto lleno de emociones encontradas, emotivo, inesperado, un recorrido por la historia casi mítica de una época de protesta, de amor, de desengaños, de rebelión, de sucesivas caídas, levantamientos, sueños cumplidos y sin cumplir, de la que ahora me doy cuenta, también soy parte.

Más que un espectáculo, un recital. Una conversación interna, en ocasiones numerosas, un monólogo. Escucharlo en un disco es una experiencia increíblemente diferente (no mejor ni peor, sólo diferente) que verlo en vivo. De nueva cuenta me he quedado sin palabras. Rainy day women, It ain’t me babe, Watching the river flow, Masters of war, The leevee’s gonna break, Things Have Changed fueron algunas de las canciones que Dylan interpretó, dejando desconcertados y segundos después, deleitados, a los asistentes con versiones frescas, irreverentes ante sí mismo, que en ningún momento demeritaban la poesía implícita en cada una de ellas; como el caso de Blowin’ in the wind, tema con el que cerró su primer concierto en suelo mexicano.

Sin embargo, el punto culminante de la noche donde llegamos a la completa euforia , aquel momento en que las primeras estrofas de una canción borraron la barrera del tiempo que separaba a los cientos de espectadores de diversas edades y nacionalidades, fue al escuchar Like a Rolling Stone, una experiencia indescriptible para quienes lo presenciamos. Bob Dylan reta al tiempo, evoluciona y crece, sigue nadando contra la corriente… with no direction home.

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¡Más Iron Maiden!

¡Por Mario Flores!

Aquel que diga que la juventud rockera es lenta y no se pone las pilas para trabajar, es porque no ha sido requerido para reseñar un concierto en 10:1 un Lunes, para descubrir que alguien ya reseñó el concierto al día siguiente.

Aunque me siento olvidado y no quiero interferir con la reseña de Paranoideo, no estoy dispuesto a dejar pasar la oportunidad de escribir una celebración del 24 de febrero, Día Mexicano del (sic) Iron Maiden. ¿Puedo, Paranoideo?

El domingo pasado tuvimos, a mi parecer, el quinto mayor evento en la historia del metal en la real y salsera Ciudad de México; siendo el primero los cinco legendarios conciertos de Metallica en el Palacio de los Deportes, el segundo el de Guns & Roses en el tour Use Your Illusion del que aún habla el primo loco que vive en la unidad Cabildo González de metro Potrero, el tercero el concierto-combo que dieron los ya mencionados Metallica con Pantera y Monster Magnet a finales de la década pasada, y el cuarto cuando el bajista de Chorizo Nuclear se lanzó a la multitud en el Foro Ilícito de Peleas de Perros el Mike y aterrizó de pompas encima del cuello de un Caguamón de Indio.

Que una banda más vieja que el más viejo de los colaboradores de 10:1 o la edad combinada de los dos más jóvenes haya tenido un lleno total en el foro más grande de la segunda ciudad más grande del mundo en plena cuesta de Enero que en México dura cinco meses, es prueba indiscutible de la majestuosidad de la Bestia.

Que hoy haya escuchado un coche a alta velocidad con The Number of the Beast a todo volumen indica que la ciudad quedó bien contenta con el concierto.

Que de mi experiencia personal desprenda verdades absolutas sólo demuestra que El Estado Soy Yo.

Que en 50,000 personas sólo hubiera 2.25 mamacitas atestigua al nulo impacto del metal en la población mamacita mundial y explica tanta muchacha encuerada en las portadas de Manowar, quienes intentan de alguna forma mitigar el déficit mamacital en nuestro amado género musical.

Que el respetable no dejara escuchar a la banda tocar, entre tanto OE OE OEEE, OEE… y México, México, rarará, pus me hizo enojar. Que la gente abucheara el nombre de cada país latinoamericano que Bruce Dickinson comentó que visitarían después de México me puso los pelos de punta del miedo (y no a la oscuridad).

Que me ponga fresa ante las actitudes antisociales de un público metalero es muy fresa.

¿Que hayamos escuchado Aces High, 2 Minutes 2 Midnight, Revelations (espantosa por donde se le vea), The Trooper, Wasted Years (demoledora), The Number of the Beast (calibre chingatumadre), Can I Play With Madness, Rhyme of the Ancient Mariner (larga y hermosa, como una sueca), Powerslave, Heaven Can Wait (víctima de una trágica falla de sonido), Run To The Hills (crowd favorite), Fear of the Dark (obligatoria), Iron Maiden, Moonchild, The Clairvoyant y Hallowed Be Thy Name (más grande que la vida) en un solo concierto? No tiene precio.

Que… vengan de nuevo, por favor. Si hay fans, y bien.

Les dejo una ilustración mía, The Trooper de Chapultepec, que se quedó a la mitad porque al final no la quiso la revista Chilango (maldigo tu nombre, Bob Dylan).

Up the Irons!

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