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Diplo & Justice

Magic Roots Club, 29 de marzo del 2008

Por Emmanuel

La gente gusta de hacer listas de sus placeres más socorridos: comer, dormir, coger… hasta defecar.

Uno de los míos es bailar.

Y ayer por la noche era una necesidad animal, un llamado al cual asistimos como un rebaño de feligreses rindiéndole culto a la cruz blanca de neon que anunciaba la llegada de los salvadores.

El Magic Roots fue el escenario para la segunda visita del dueto francés Justice, esta vez acompañados por Disco Ruido! y Diplo. Un lugar legendario por su fresez y antrosidad ochentera. Ahí reinaba la blusa escotada, el zapato de tacón, la camisa desabotonada. En fin, nada del hippismo que al mismo tiempo movía sus cabecitas melancólicas en el Indie-O Fest. Bajo la cruz radiante la única ley efectiva era la del baile cachondo y la embriaguez lubricante.

Cerca de la 1 de la mañana, Diplo hacía de la suyas con su estilo mash-upero, mezclando Prodigy, M.I.A., Eurythmics, Black Sabbath, etc. A diferencia del año pasado cuando cerró el MXBeat brutalmente, el estadounidense asumió su papel de telonero y mantuvo a la banda en un bailecito bajita la mano, mientras seguían corriendo las chelas y las tellas, weh.

Diplo. Fotografía de Malphie

Para que a las 2 y media, como un milagro electromagnético, se prendiera ese estandarte del sufrimiento y el sacrificio cristiano ante el grito entachado de miles de personas. Se nos reveló que Jesús murió para que nosotros bailáramos bajo las esferas disco por los siglos de los siglos.

Augé y De Rosnay emprendieron su viaje por nuestros cuerpos, de los oídos a los pies, de la mano derecha sosteniendo un trago hasta la izquierda sosteniendo una pipa. Con un set en extremo cochino y pocos hits, los franceses cumplieron con su segunda venida y superaron aquella noche en el Salón Vive Cuervo hace unos meses. Si ahí sus gustos eclécticos y poperos los hicieron brillar, esta vez nos hicieron ascender al paraíso con un electro infernal. Puerco, puerco y sudoroso.

Justice. Fotografía de Malphie

A pesar de tener problemas con el volumen a la mitad del show, Justice nos dejó a todos bien bailados y satisfechos. Habíamos ido a una sola cosa: bailar. Y eso hicimos. Una noche de hedonismo urbano como pocas se vivió el sábado, y hoy extraño ese sentimiento eléctrico que mueve mis piernas sin control, un cántico religioso que se deletrea D.A.N.C.E.

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