ENTRE RÍOS
Por Emmanuel

Una corriente peculiar en la música es aquella que llamamos ‘pop’. Derivado de ‘popular’, es un término que no define nada, y lleva una carga peyorativa fuerte, al menos en nuestro país donde ser pop es ser fresa y banal, y sus agentes son Belinda, Timbiriche o Belanova.
En el resto del mundo el pop es más querido, precisamente porque es bueno. Desde la era dorada de Michael Jackson o Madonna en los ochenta, pasando por el revival de Kylie Minogue o los dulces acordes de su coterránea, Natalie Imbruglia, los desparpajos de Toxic Britney o el tongue-in-cheek de Robbie Wiliiams el pop sencillamente gusta, y seguramente más de uno en este blog tiene sus placeres culposos bien escondiditos.
Mi placer pop -nada culposo- se llama Entre Ríos. Formado por los argentinos Sebastián Carreras, Gabriel Lucena y una hermosa cantante llamada Isol, en el 2000 lanzaron sus primeras producciones, dos EPs llamados Temporal y Litoral, los cuales se pueden encontrar en una recopilación editada en México, llamada Completo. Más tarde presentarían dos LPs, Sal e Idioma Suave, para culminar con la obra en la cual quisiera centrarme: Onda.
La música de esta banda evoca tiempos y lugares muy lejanos a esa provincia argentina conocida precisamente como Entre Ríos. Su sonido es cercano a lo mejor del pop europeo, como St. Etienne, Goldfrapp, Múm, Lali Puna, etc. Su alineación podría remitirnos directamente a los mejores años de Mecano, con una joven Ana Torroja al centro del escenario, flanqueada por los genios musicales de apellido Cano (ya admítanlo, ustedes también oían a Mecano). Así conocí a Isol hace un par de años en una mini gira que hizo el grupo por la ciudad de México, ataviada de princesa de hielo, enmarcada por dos hombres de traje creando hermosa música electrónica.
Esa vez venían presentando las nuevas canciones que formarían Onda. Su obra maestra, el disco recupera los sonidos sintéticos de sus trabajos anteriores para proyectarlos hacia nuevas alturas: desechando un poco de melancolía en aras del baile, acelerando los ritmos y vistiéndolo todo con dulces armonías inauditas en el pop latino. Onda es un disco perfecto, acaso mi disco favorito de pop en español. Mientras aquí sufrimos cual perros ensordecidos los bramidos de la chica de Belanova, Isol exuda fineza, su voz es ligera y casi infantil, de un porte que en México no conocemos. Mientras el sonido pop del Café Tacuba actual suena más a Fandango que a New order, Carreras y Lucena crean atmósferas fantásticas, de ritmos actuales que no desmerecen nada junto a la escena europea o norteamericana. Una prueba más de que en español se puede llegar muy lejos, siempre y cuando se hagan las cosas con calidad y respeto.
Desgraciadamente, Onda serviría también de despedida para esta primera fase de Entre Ríos. Con el éxito obtenido, vendría una presión sobre el grupo de viajar por el mundo presentando su logro artístico. Esto hizo que Isol abandonara la banda para continuar con sus múltiples actividades como escritora e ilustradora de libros infantiles, obligando a los dos músicos restantes a buscar nueva vocalista. Aunque todavía no han presentado nuevo material, ahora con Paula Meijide en las vocales, intuyo que la magia de la primera alineación de la banda será irrepetible. Onda queda como testimonio de una ola de juventud y genio fugaz, inmortalizado para siempre.
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Entre Ríos, Onda.
Elephant Records (2005)
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