¡Por Mario Flores!
Aquel que diga que la juventud rockera es lenta y no se pone las pilas para trabajar, es porque no ha sido requerido para reseñar un concierto en 10:1 un Lunes, para descubrir que alguien ya reseñó el concierto al día siguiente.
Aunque me siento olvidado y no quiero interferir con la reseña de Paranoideo, no estoy dispuesto a dejar pasar la oportunidad de escribir una celebración del 24 de febrero, Día Mexicano del (sic) Iron Maiden. ¿Puedo, Paranoideo?
El domingo pasado tuvimos, a mi parecer, el quinto mayor evento en la historia del metal en la real y salsera Ciudad de México; siendo el primero los cinco legendarios conciertos de Metallica en el Palacio de los Deportes, el segundo el de Guns & Roses en el tour Use Your Illusion del que aún habla el primo loco que vive en la unidad Cabildo González de metro Potrero, el tercero el concierto-combo que dieron los ya mencionados Metallica con Pantera y Monster Magnet a finales de la década pasada, y el cuarto cuando el bajista de Chorizo Nuclear se lanzó a la multitud en el Foro Ilícito de Peleas de Perros el Mike y aterrizó de pompas encima del cuello de un Caguamón de Indio.
Que una banda más vieja que el más viejo de los colaboradores de 10:1 o la edad combinada de los dos más jóvenes haya tenido un lleno total en el foro más grande de la segunda ciudad más grande del mundo en plena cuesta de Enero que en México dura cinco meses, es prueba indiscutible de la majestuosidad de la Bestia.
Que hoy haya escuchado un coche a alta velocidad con The Number of the Beast a todo volumen indica que la ciudad quedó bien contenta con el concierto.
Que de mi experiencia personal desprenda verdades absolutas sólo demuestra que El Estado Soy Yo.
Que en 50,000 personas sólo hubiera 2.25 mamacitas atestigua al nulo impacto del metal en la población mamacita mundial y explica tanta muchacha encuerada en las portadas de Manowar, quienes intentan de alguna forma mitigar el déficit mamacital en nuestro amado género musical.
Que el respetable no dejara escuchar a la banda tocar, entre tanto OE OE OEEE, OEE… y México, México, rarará, pus me hizo enojar. Que la gente abucheara el nombre de cada país latinoamericano que Bruce Dickinson comentó que visitarían después de México me puso los pelos de punta del miedo (y no a la oscuridad).
Que me ponga fresa ante las actitudes antisociales de un público metalero es muy fresa.
¿Que hayamos escuchado Aces High, 2 Minutes 2 Midnight, Revelations (espantosa por donde se le vea), The Trooper, Wasted Years (demoledora), The Number of the Beast (calibre chingatumadre), Can I Play With Madness, Rhyme of the Ancient Mariner (larga y hermosa, como una sueca), Powerslave, Heaven Can Wait (víctima de una trágica falla de sonido), Run To The Hills (crowd favorite), Fear of the Dark (obligatoria), Iron Maiden, Moonchild, The Clairvoyant y Hallowed Be Thy Name (más grande que la vida) en un solo concierto? No tiene precio.
Que… vengan de nuevo, por favor. Si hay fans, y bien.
Les dejo una ilustración mía, The Trooper de Chapultepec, que se quedó a la mitad porque al final no la quiso la revista Chilango (maldigo tu nombre, Bob Dylan).
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